El último informe de la Encuesta de Supermercados del Indec volvió a marcar una tensión conocida de la macro argentina: suba nominal, flaqueza real. En noviembre de 2025, el índice de ventas a precios constantes cayó 2,8% frente a igual mes de 2024, mientras la serie desestacionalizada retrocedió 3,8% respecto de octubre.
Esa señal importa más que por el dato sectorial. En la estructura del PIB, el consumo privado explica cerca de dos tercios del producto. Por eso, cuando el “termómetro” del supermercado se enfría, la discusión de 2026 deja de ser abstracta: pasa a ser una pregunta concreta sobre qué componente empujará la actividad.
A precios corrientes, las ventas totalizaron $2.211.327,242 millones en noviembre, con una variación interanual de 21,2%. La operatoria siguió concentrada en el salón de ventas (96,4% del total) y el canal online representó 3,6%, con subas nominales de 21,4% y 16,5%, respectivamente.
La composición por medios de pago mantuvo el predominio de tarjetas: crédito (44,6%) y débito (25,2%), mientras el efectivo quedó en 16,3%. En paralelo, el informe consignó ventas a precios corrientes por metro cuadrado de $655.079, con una variación interanual de 21,5%.
El punto crítico, sin embargo, está en la medición real: el Indec destacó la caída interanual de 2,8% a precios constantes. Esa dinámica dialoga con un consumo que, hacia el cierre de 2025, todavía no consolida una trayectoria de recuperación.
En la demanda agregada, el consumo privado suele ser el componente que más explica el nivel de actividad por su peso relativo. En 2024, representó 68,1% del PIB a precios corrientes; el consumo público, 15,0%; la formación bruta de capital fijo (inversión), 15,8%; las exportaciones, 15,3%; y las importaciones, 12,8% (estas últimas restan al producto).
La lectura del supermercado no equivale al total del consumo privado, pero funciona como un indicador de frecuencia mensual de los hogares urbanos y de bienes esenciales. Cuando ese indicador cae en términos reales, la economía suele requerir un impulso mayor desde otros frentes —inversión, exportaciones o gasto público— para sostener un crecimiento agregado.
Las proyecciones para 2026 exhiben un rango amplio. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central estima un nivel de PIB real 3,5% superior al promedio de 2025. El FMI, en su actualización de enero de 2026, proyecta un crecimiento real de 4,0%. En el plano oficial, la Oficina de Presupuesto del Congreso, en base al proyecto de Presupuesto, presenta un escenario de expansión del PIB de 5,0% para 2026.
Ese 5,0% oficial viene acompañado por una narrativa de componentes: consumo privado +4,9%; consumo público +1,2%; inversión +9,4%; exportaciones +10,6%; importaciones +11,1% (todo a precios constantes).
Con los pesos observados en 2024 como referencia, una descomposición aproximada de ese crecimiento arroja un orden de magnitudes que ayuda a entender la apuesta:
– Consumo privado: ~3,3 puntos porcentuales (68,1% del PIB × 4,9%).
– Inversión: ~1,5 p.p. (15,8% × 9,4%).
– Consumo público: ~0,2 p.p. (15,0% × 1,2%).
– Sector externo neto: cerca de 0,2 p.p. (exportaciones aportarían ~1,6 p.p., pero importaciones restarían ~1,4 p.p.).
El redondeo no cierra exactamente en 5,0% porque también operan cambios en existencias y la discrepancia estadística, que el propio Indec registra en sus cuadros de cuentas nacionales.
Si el consumo se mantiene frágil, la consistencia del escenario 2026 descansa en dos palancas. La primera es la inversión, con una tasa de crecimiento prevista por encima del PIB. La segunda es el frente exportador, que aparece con un ritmo de expansión de dos dígitos en el escenario presupuestario.
Pero el mismo escenario supone importaciones en alza (11,1%), un dato que suele acompañar tanto el ciclo inversor (bienes de capital e insumos) como la recomposición de consumo. Al mismo tiempo, desde la contabilidad del PIB, ese aumento de importaciones reduce el aporte del sector externo neto.
En ese marco, el dato de supermercados de noviembre actúa como recordatorio: para que el crecimiento 2026 sea algo más que un arrastre estadístico, el componente que más pesa —el consumo— necesita recuperar tracción real. Si no ocurre, el objetivo de expansión dependerá de que la inversión y las exportaciones no solo crezcan, sino que lo hagan lo suficiente como para compensar la debilidad del mercado interno que el Indec capturó en la caja registradora.
La entrada Supermercados: ventas reales en baja y el dilema del crecimiento 2026 se publicó primero en Revista Mercado.