Lourdes Fernández llega a la entrevista de muy buen humor y esa energía eléctrica que siempre la distinguió. Falta menos de un mes para que Bandana vuelva al Gran Rex —“su casa”, asegura— y ella se permite decir en voz alta lo que durante meses fue más difícil de ordenar.
El regreso no es solo musical. Es simbólico. Después de un año marcado por cambios personales profundos y una exposición mediática inesperada, la cantante asegura que llega distinta a este show: más consciente, más vulnerable y, al mismo tiempo, más fortalecida.
En este mano a mano con LA NACION, habla del reencuentro con sus compañeras, de las diferencias que surgieron con Lissa Vera, de su salud física y mental, y del aprendizaje que le dejó atravesar una crisis a la vista de todos.
—Se viene la flamante vuelta de Bandana.
—Sí, es la vuelta a casa. Nos han ofrecido estadios, inclusive para generar esta unión que ya atraviesa generaciones. Era posible hacerlo en otro lugar, pero elegimos el Gran Rex porque es nuestra casa, sin lugar a dudas.
—¿Cómo te estás preparando? ¿Cómo estás vos?
—Estoy bien. Empecé el año fantásticamente porque ya me saqué de encima un problema de salud importante. Me hice una histerectomía, que implica retirar el útero. Fue un proceso largo, de casi un año, porque el año pasado también me habían sacado quistes. El cuerpo habla. Fue fuerte, pero lo atravesé.
—¿Y cómo estás hoy, recuperándote de a poco?
—Tengo días y días. Hay días en los que soy un desastre y me enojo muchísimo conmigo misma. Pero trato de no quedarme quieta. Estoy haciendo terapia de todos los colores: prendiendo velas, haciendo reiki, ocupando el tiempo. Y conviviendo con Romi Sosa, que realmente me está bancando, porque no solamente me caí yo, mi casa también se desmoronó. Estoy juntando fuerzas. Mi vida mutó en muchos aspectos, pero estoy rodeada de gente que me banca y me ayuda. Es, literalmente, volver a empezar.
—¿Tenés ganas de tener una buena vida en este presente?
—Totalmente. Y también aprendí algo importante: el amor propio. Siempre estuve en pareja, casi toda mi vida, y no me di cuenta de que nunca me había priorizado. No porque las otras personas hayan sido malas, sino porque los artistas somos muy dadores. Pensamos mucho en la felicidad de los demás. Y eso también pasa factura. Hoy estoy aprendiendo a pensar en mí.
—¿Y cómo te llevás con ese reencuentro?
—Uf... me estoy peleando conmigo misma de una manera tremenda. Tengo todos mis demonios a flor de piel. Tengo a mi madre, a mi abuela, a mi peor enemiga adentro mío. Es un proceso largo y complicado.
—¿Y cómo está hoy el vínculo con tu mamá?
—Bien. Siempre le pido que sea más discreta, pero hoy entiendo que todo lo que hizo fue por amor. En el momento me enojé, pero ahora lo veo desde otro lugar. Mi papá siempre fue más perfil bajo, pero es un pilar absoluto en mi vida. Mi vieja me castigaba y él arriesgaba su matrimonio y me llevaba a tocar...
—Mucha gente se pregunta por tu vínculo con Lissa y por cómo reaccionó en su momento con la denuncia a tu expareja.
—Ahora se lo agradezco. Yo entendí que cada uno hizo lo que pudo desde el lugar del amor. Mi familia, mis amigos, todos reaccionaron como pudieron. Pero con Lissa hubo, principalmente, desencuentros laborales. Desde febrero empezaron diferencias en negociaciones, propuestas, posibilidades de trabajar con otros artistas, con productores, con Sony. No se dio porque ella pretendía otras pautas. Eso generó tensiones. Son cosas que pueden pasar en cualquier sociedad artística. Igualmente, eso no implica que arriba del escenario no podamos estar fantásticas. Y algo quiero dejar claro: no hay reemplazo para Bandana. No lo hay.
—Entonces, ¿no tuvo que ver con tu situación personal?
—No, al contrario. Creo que lo que pasó terminó reparando cosas. Después vino la parte mediática, que yo no manejo bien porque nunca quise mediatizar mi vida. Hoy por hoy pienso que le sirvió a mucha gente saber que podés estar bien, de a poquito, día por día. Recibo mensajes muy fuertes de realidades no solamente femeninas, sino también masculinas. Me parece que tenemos que encontrarnos desde el lugar de las personas.
—Ya pasaron varios meses, ¿lo ves desde otro lugar?
—Sí, trato de poner siempre una sonrisa y que todo siga para adelante pese a mis cagadas y a mi forma de ser.
—¿Qué fue lo que más te molestó que se dijo en ese tiempo?
—Me expuse completamente. Nunca había tenido tratamiento psiquiátrico y hubo cosas que no supe manejar. Sí, me gusta tomar un vino y no me daba cuenta de que eso me descalibraba. Había días en los que me levantaba y decía: “¿Qué subí anoche?”. Era como estar en otro plano. Y si alguien está pasando por algo parecido, no digo que haga lo mismo que yo, pero sí que preste atención. A mí me cambiaron la medicación sin avisarme que podía provocar sonambulismo, por ejemplo. Y claro, lo primero que hice fue filmarme tomando un café, como hago siempre. Eso salió en todos los medios. Hoy me río, pero en el momento no fue fácil. Soy la antítesis de la perfecta. La perfección del imperfecto.
—Pero al mismo tiempo estás trabajando para que eso no vuelva a pasarte.
—Sí, totalmente. Yo no quiero eso para mi vida, pero sucede. Y creo que también nos pasa porque con Bandana rompimos un paradigma: éramos artistas pop, no “pop stars perfectas”. Siempre fuimos personas reales. A veces siento que el reality continúa, que me están grabando todo el tiempo. Es como mi Truman Show. Pero también entendí que soy así, que sigo siendo la misma persona. Y en eso mis compañeras son fundamentales.
—¿Reconectar con Bandana te ayudó?
—Muchísimo. Yo sigo siendo la misma persona y eso es gracias a ellas. Si veo las crisis que atraviesan Tini, Lali o María Becerra —chicas muy valientes para mí— pienso que no es fácil estar expuesta así. Y en comparación, me siento acompañada. Tengo un respaldo enorme de la gente. Cuando me ven mal me ofrecen ayuda, no me atacan. Y eso marca una diferencia enorme. Muchas artistas atraviesan todo solas. Yo tengo a Vale que me llama, a Vir que me llama... Lissa no me llama.
—Lissa dijo que te extrañaba.
—Sí. Igual hablamos, estamos haciendo como pequeñas music sessions tratando de equilibrar un poco lo que pasó porque todo salió muy de golpe. Seguramente nos juntemos a grabar. De hecho, fue una excusa muy buena para decirle: “Li, vení y grabemos juntas”. Más allá de todo, dentro de la música siempre nos volvemos a encontrar.
—Después de aquel show, la que parecía más complicada eras vos, pero fue Lissa quien terminó diciendo que quizá no volvía. ¿Qué pasó ahí?
—Y después de ese show, Lissa dejó de hablar. Desapareció. Lissa la pasó mal también, y entiendo que eligió ese lugar. No estoy juzgando. Pero siento que todavía nos debemos una charla. Una charla honesta: “¿Qué carajo te pasó?”. Porque para mí hubo algo básico que faltó: “Li, llamame”. ¿Para qué paseo por todos los programas? No lo necesitaba. Sobre todo cuando yo se lo había pedido, le dije: “Li, por favor, no quiero que esto sea mediático”. Hay familia en el medio, nenas muy chiquitas, una cautelar... No puedo hablar mucho del tema. Tal vez yo no estaba en la situación que ella imaginaba. Tengo amigos, tengo red, tengo gente que me cuida. Entonces lo mínimo era comunicarse conmigo y no lo hizo. Y entiendo que cada uno tiene su proceso. Fue algo muy fuerte y ahora todo eso se va a resolver en la Justicia.
—Y ahora como está esa situación?
—Yo vi una nota que él dio hace poco y me mató ver cómo estábamos bien y después se fue a la mierda. No lo puedo explicar. Lo analizo todos los días. Trato de no culparme, pero a veces siento culpa. Y a veces también aparece la bronca porque me siento parte. Antes yo era la primera en decir “dejalo”. Y hoy te digo: no es tan simple. Hay situaciones de las que no se sale tan fácil.
—Estás haciendo un trabajo para salir de todo eso.
—Sí. Y lo digo con claridad: busquen ayuda. No se puede sola. Yo no pude sola.
—¿Qué te dejó aquel show que dieron juntas en medio de todo?
—Placer absoluto. Tenía la prensa en la puerta y, tres días después, estaba en el escenario. Fue un renacer total. La música salva. Para quien la escucha y para quien la hace. Volver a mirarnos a los ojos fue muy fuerte. Nos entendemos en cinco segundos con las chicas. Hay algo que no se pierde.
—Se juntaban en un momento muy complicado, ¿sentiste que dieron todo?
—Sí, lo dieron todo. Y lo siguen dando. Cada una a su manera, pero lo siguen dando.
—¿Cómo es la dinámica hoy dentro del grupo?
—Somos productoras de nuestro propio producto gracias a que Yankelevich nos donó los derechos de Bandana, y eso es una responsabilidad enorme. Para mí él es como mi padre artístico, alguien que sabe muchísimo de la industria y cuyos consejos hoy son pilares en mi vida. Más allá de eso, cada una tiene un rol. Vir, por ejemplo, se está ocupando más de los musicales. Ella es productora nata. Vale también tiene su área. Yo estoy más en la parte comercial, que hoy es un poco más complejo, pero me divierte asumir ese desafío. Vamos cambiando posiciones según el momento.
—¿Qué se viene para Bandana este 2026?
—Hay propuestas audiovisuales, se habló de serie, documental, biopic, hay puertas abiertas. Pero ahora estamos concentradas en el Gran Rex del 6 y 7 de marzo. Ya estamos muy cerca del sold out. En el medio pasó de todo, lo de ella, lo mío... hicimos la anti-venta perfecta. Así que ahora digo: vénganse y compren las entradas.
—¿Qué imaginás que va a pasar esa noche?
—Va a ser maravillosa. Hay una apuesta más teatral que coreográfica, pero obviamente tenemos nuestras coreos. Bailar, cantar, volver a sentir eso que pasa con Bandana, esa energía que ya es del público. La gente es Bandana. Yo me enamoré de Bandana de nuevo cuando empecé a escuchar las historias de las familias.
—¿Va a haber invitados?
—Estamos buscando sumar artistas. Basta cerrar uno para que empiecen a llamar. No sé si va a terminar siendo Bandana en el Gran Rex o “Banda y amigos”, pero es impresionante cómo ellos crecieron con nosotras y nosotras con ellos.
—¿Qué le dirías a la Lourdes de hace 25 años?
—Que disfrute más. Todo era demasiado rápido. Fue abrumador, hermoso, intenso. Pero le diría que se detenga un poco más a disfrutar el momento. Hoy sé que lo único que tenemos es el presente.
