Hay algo que deberías mirar con atención —y quizá con un poco de preocupación estratégica— en los datos globales de 2026. No se trata únicamente de la inflación, ni el desempleo, ni una guerra lejana. Es algo más profundo de acuerdo con el informe “The World’s Most Important Problem. What People Need Leaders to Hear in 2026” (Gallup, 2026).
Millones de personas, en más de cien países, están diciendo que el sistema económico y laboral podría no estar funcionando para ellas. No están hablando de teoría económica. Se refieren a su posibilidad de pagar la renta, de su salario, la vivienda, el empleo y la calidad de vida.
Señalan que el crecimiento económico no se siente, que el trabajo no alcanza para todos, que las instituciones no convencen y que la seguridad ya no es un supuesto. Y cuando la percepción colectiva se desconecta de los indicadores oficiales, el problema deja de ser estadístico: se vuelve estructural.
Si observas el panorama global, el primer mensaje implica que la economía sigue siendo la principal preocupación de personas, empresas y gobiernos. Pero aquí está el matiz que deberías analizar: no importa cuánto crezca el PIB si la gente siente que no pueden vivir con tranquilidad.
En países de bajos ingresos, la preocupación gira en torno a la supervivencia. Me refiero a cubrir alimentación, vivienda y servicios básicos. En países de altos ingresos, el foco se desplaza al acceso al bienestar y la sensación de estancamiento generacional.
En este contexto, necesitas comprender con claridad que tus colaboradores no evalúan el progreso por indicadores macroeconómicos, sino por su experiencia cotidiana. Y aunque la nación parezca próspera, si la gente siente que no podrán adquirir a vivienda o mejorar su calidad de vida, la narrativa de éxito pierde fuerza.
De acuerdo con Gallup (2026), uno de cada diez adultos identifica los problemas laborales como el principal desafío en su país. Podrías pensar que el problema es simplemente el desempleo pero no es así. El desafío es más profundo y se trata de la falta de empleos de calidad, no precarizados.
Existe correlación entre desempleo y preocupación pero incluso donde la carencia de vacantes no es crítica, la ansiedad persiste. ¿Por qué? Porque las personas quieren tener trabajo y además estabilidad, condiciones dignas, crecimiento, propósito y reconocimiento.
Aquí hay un punto que no podemos ignorar; la preocupación por el trabajo es transversal. No se limita a jóvenes o a personas de bajos ingresos. Incluso quienes tienen empleo muestran inquietud. Eso significa que el malestar es sistémico.
Además, cuando se observa el nivel de compromiso laboral a nivel mundial, el diagnóstico es todavía más contundente. Apenas el 21% de los trabajadores se dice auténticamente comprometido, según el informe de Gallup. El resto declara estar desconectado o activamente desenganchado de la empresa. Esto no es un problema “suave” de clima organizacional; es un reto económico estructural.
En países más prósperos, la política aparece como uno de los principales problemas. Pero la raíz no es simplemente ideológica; el asunto radica en la confianza. Cuando las personas dejan de confiar en el gobierno, en la justicia o en la seguridad física, comienzan a ver al sistema como la causa.
Tus colaboradores viven en ese entorno y la desconfianza externa impacta la percepción interna. Si el contexto es incierto y las instituciones generan escepticismo, la empresa puede convertirse en un espacio que refuerce la estabilidad o que amplifique la desconfianza.
Si reunimos estos ejes —seguridad económica, calidad del empleo, confianza institucional y seguridad física— el mapa nos proporciona información más relevante, pues las personas miden el progreso por cómo viven y no por cómo se reportan los indicadores. Y tú, como líder, no puedes separar tu estrategia organizacional de este fenómeno.
Si algo deberías llevarte de este análisis es lo siguiente: el mundo no está pidiendo únicamente crecimiento. Necesita experiencia de bienestar y si logras que tu organización sea un espacio donde ese bienestar se sienta real —económico, laboral y emocional— estarás construyendo estabilidad en medio de un entorno que, como nunca, exige liderazgo consciente y estratégico.
