La nueva ronda de aranceles de Donald Trump incluso ha terminado favoreciendo indirectamente a China, , señala Clemente Ruiz Durán.La nueva ronda de aranceles de Donald Trump incluso ha terminado favoreciendo indirectamente a China, , señala Clemente Ruiz Durán.

La guerra de tarifas no logra reordenar la economía global y golpea al crecimiento

2026/02/25 18:00
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Desde su toma de posesión en 2025, la política comercial del presidente estadounidense Donald Trump ha intentado redibujar el mapa de la economía mundial a través de aranceles masivos. Sin embargo, la evidencia acumulada muestra que la llamada “guerra de tarifas” ha tenido un efecto mucho más limitado de lo prometido. Lejos de reindustrializar rápidamente a Estados Unidos o reducir el déficit comercial global, el resultado ha sido una reorganización parcial del comercio y una presión creciente sobre la propia región de América del Norte.

Diversos análisis indican que los aranceles han alterado las rutas comerciales, pero no han cambiado de manera significativa el desequilibrio global. En 2025, por ejemplo, el déficit comercial total de Estados Unidos apenas se redujo, mientras el déficit en bienes alcanzó niveles récord, impulsado por importaciones tecnológicas y por el desplazamiento del comercio hacia otros países asiáticos.

Incluso los costos de los aranceles han recaído principalmente en la propia economía estadounidense: estudios recientes muestran que cerca del 94% del impacto de los aranceles fue absorbido por empresas y consumidores de Estados Unidos, no por los países exportadores.

Lo que se ha observado un reacomodo global más que una transformación, ya que lo que sí han provocado las tarifas es una reconfiguración geográfica del comercio. Al reducirse las importaciones desde China, muchas empresas estadounidenses trasladaron sus compras hacia otros países de Asia, como Vietnam, Taiwán o economías del sudeste asiático.

Esto significa que el comercio no desapareció: simplemente cambió de destino, economías emergentes en Asia han mantenido un dinamismo exportador importante, beneficiándose del desvío de comercio y de su integración en las cadenas globales de valor. Al mismo tiempo, la nueva ronda de tarifas ha producido efectos paradójicos: algunas medidas incluso han terminado favoreciendo indirectamente a países como China, Brasil o varios centros manufactureros asiáticos, debido a cambios en los niveles arancelarios relativos.

Paradójicamente, la región más afectada por la estrategia arancelaria ha sido América del Norte, el espacio económico más integrado con Estados Unidos. Las tensiones comerciales con México y Canadá han introducido riesgos de desaceleración, pérdida de empleos y aumentos de precios en sectores clave como automotriz, agricultura y minerales. De esto no han escapado las empresas estadounidenses ya que han resentido directamente los costos: los pagos de aranceles por compañías medianas se triplicaron en un año, afectando inversión, empleo y precios para los consumidores. En lugar de consolidar un bloque regional fuerte frente a Asia, la política comercial ha generado fricciones dentro del propio mercado norteamericano, uno de los pilares de la economía mundial desde el TLCAN.

Lo que observamos es un mundo que sigue creciendo fuera del conflicto, ya que mientras Norteamérica enfrenta mayor incertidumbre comercial, otras regiones mantienen motores de crecimiento relativamente dinámicos.

El sudeste asiático continúa expandiendo exportaciones hacia nuevos mercados, las economías emergentes de Asia han absorbido cadenas de producción que antes pasaban por China o América del Norte. A lo anterior se ha sumado que mercados no alineados en África, Asia y partes de América Latina muestran demanda creciente y nuevas redes comerciales. El resultado es que la economía global no se ha fragmentado como se anticipaba. Más bien, se está reorganizando alrededor de múltiples polos productivos.

La paradoja de la guerra comercial ha sido que el balance hasta ahora sugiere una paradoja: la guerra de tarifas ha generado ruido político y tensiones diplomáticas, pero no ha logrado remodelar la economía mundial, tal como lo esperaba la Administración Trump.

La gran lección que la economía global ha recibido es que el comercio se adapta, encuentra rutas alternativas y reorganiza las cadenas de suministro. Mientras tanto, los costos de la estrategia recaen con fuerza en la región que la impulsó. Para muchos economistas, la conclusión es clara: en una economía global interdependiente, levantar muros arancelarios puede alterar el mapa del comercio, pero difícilmente puede detener su movimiento.

Para México, la lección es clara: las guerras comerciales entre grandes potencias no necesariamente destruyen el comercio mundial, pero sí reconfiguran los espacios donde se produce y se invierte. En este contexto, el país enfrenta una doble realidad. Por un lado, la integración con Estados Unidos sigue siendo una ventaja estratégica única; pero por otro, depender excesivamente de un socio que utiliza tarifas como instrumento político introduce vulnerabilidades crecientes. La oportunidad para México consiste en convertir la relocalización industrial en una estrategia propia, fortaleciendo su mercado interno, diversificando exportaciones hacia Europa, Asia y América Latina, y consolidando corredores productivos y logísticos que le permitan participar en las nuevas cadenas globales de valor. Más que quedar atrapado en la guerra comercial, México puede aprovechar este momento para redefinir su papel como plataforma industrial y nodo estratégico de la economía mundial.

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