El principal driver del mercado sigue siendo el petróleo. El rally reciente del crudo no sólo refleja tensiones geopolíticas crecientes, sino que vuelve a instalar un riesgo macro latente que el equity global no puede ignorar. En paralelo, la reciente calma en las tasas largas de Japón contribuyó a descomprimir la 30yr estadounidense, lo cual sostuvo transitoriamente el sesgo risk-on.
Sin embargo, el escenario sigue extremadamente frágil y las yields vuelven a subir de la mano de una prima inflacionaria ocasionada por el aumento del petróleo.
Conviene recordar un principio básico: el petróleo alto opera como un impuesto mundial. Afecta márgenes, enfría consumo y presiona inflación. En ese contexto, el único segmento que suele salvarse es el equity petrolero. Históricamente, además, los conflictos armados tienden a ser bullish para todo el complejo de commodities, y cuando el epicentro es Medio Oriente el impacto alcista sobre el crudo suele ser especialmente intenso.
Aun con este ruido geopolítico, la estrategia central no cambia: cartera reflacionaria diversificada. Si el conflicto efectivamente se prolonga, el mercado seguirá en descenso. Hay una restricción política clara: con elecciones de medio término por delante, resulta difícil imaginar a Donald Trump tolerando un petróleo alto y un Nasdaq persistentemente negativo.
En paralelo y risk-off aparte, las valuaciones exigentes impulsan rotaciones hacia emergentes, y todo indica que no es un año para estar largo en equity norteamericano. De hecho, el mercado accionario de Estados Unidos exhibe señales cada vez más claras de fatiga. Las métricas actuales ya no replican el viejo combo de crecimiento acelerado con expansión de márgenes, y las denominadas “Mega 7” dejaron de aportar sorpresas positivas.
Bajo este marco, no resulta forzado anticipar otra underperformance relativa de Estados Unidos frente a emergentes en 2026.
La volatilidad reciente en metales no alteró el régimen monetario de fondo. Guerra aparte, el dólar probablemente siga estructuralmente débil y el rally de commodities continúa configurando un entorno históricamente favorable para equity emergente, dada su elevada exposición a activos reales. La lógica reflacionaria permanece intacta: liquidez global elevada, depreciación del dólar y commodities funcionando como reserva de valor siguen reforzando los flujos hacia mercados emergentes.
En este sentido, el inicio de 2026 muestra una continuidad casi plena con el régimen macro que se consolidó durante 2025, más allá de la fuerte volatilidad intradiaria observada en las últimas jornadas como consecuencia de la guerra. El recambio en la presidencia de la Reserva Federal no logró alterar el pulso dominante del mercado.
Guerra aparte, el entorno global sigue caracterizado por tasas reales bajas y condiciones financieras laxas. Este marco empieza a reflejarse con fuerza en el desempeño del equity emergente, que exhibe una overperformance frente al mercado accionario estadounidense. Con un equity norteamericano caro y maduro, el escenario base es constructivo para emergentes.
En el tramo corto de la curva no se esperan cambios relevantes; el riesgo está concentrado en la parte larga, donde una menor expansión del balance podría implicar presión alcista sobre la 30yr.
En síntesis, más allá del ruido y de la elevada sensibilidad a los titulares geopolíticos, el cuadro estructural debiera mantenerse estable: dólar débil, liquidez abundante, commodities firmes.
En ese marco, la rotación hacia emergentes luce lógica y consistente. La guerra, probablemente sea corta. El régimen reflacionario parece tener recorrido infinito.

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