El régimen de Irán prometió este miércoles una represalia “decisiva” por la muerte de su jefe de seguridad, Ali Larijani, y lanzó una oleada de misiles contra Israel, en una escalada del conflicto en Medio Oriente que dejó al menos dos muertos cerca de un centro comercial en Tel Aviv y elevó la tensión regional.
El jefe del ejército iraní, Amir Hatami, afirmó en un comunicado: “La respuesta de Irán al asesinato del secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional será decisiva y lamentable”. La advertencia siguió al ataque aéreo que llevó a cabo Israel y en el que murió Larijani, una de las figuras más influyentes del sistema de seguridad iraní.
La Guardia Revolucionaria confirmó el lanzamiento de misiles contra el centro de Israel y sostuvo que la operación se realizó “en venganza por la sangre del mártir Dr. Ali Larijani y sus compañeros”. En paralelo, advirtió que la muerte del dirigente podría impulsar nuevas ofensivas y declaró: “La sangre pura de este gran mártir... será fuente de honor, poder y despertar nacional frente al frente de la arrogancia global”.
El ataque con misiles iraníes provocó la muerte de dos personas en las cercanías de un centro comercial en Tel Aviv. Al mismo tiempo, países del Golfo interceptaron cohetes y drones durante la noche dirigidos a objetivos que incluían bases estadounidenses en la región.
Irán anunció que celebrará funerales este miércoles para Larijani y para Gholamreza Soleimani, jefe de la fuerza paramilitar Basij, muerto en otro ataque atribuido a Israel. Larijani se convirtió en la figura más prominente de la república islámica fallecida desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, cuando ataques de Israel y Estados Unidos mataron al líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei.
Durante décadas, Ali Larijani fue el hombre de las mil facetas en la República Islámica: el oficial de los Guardias de la Revolución que vestía camisas Ralph Lauren perfectamente planchadas, el diplomático que negociaba acuerdos nucleares con Occidente y el académico que escribía tratados sobre Immanuel Kant mientras dirigía el aparato de propaganda del régimen.
Esa trayectoria, marcada por una inusual mezcla de erudición filosófica y pragmatismo implacable, terminó abruptamente el martes.
Larijani ascendió a la cúspide del poder en un momento de crisis existencial para el régimen. Tras la muerte de Ali Khamenei en un ataque israelí al comienzo de la guerra, asumió el cargo de secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, convirtiéndose en el hombre más poderoso del país en materia de política exterior y defensa.
En su rol final, Larijani dirigió la respuesta militar a las protestas de enero, un operativo que resultó en la muerte de miles de civiles. Como señala un extenso perfil del diario israelí Haaretz, Larijani fue el arquitecto detrás de la brutal represión. Bajo su mando, la maquinaria de seguridad del Estado aplastó el descontento con una “eficiencia despiadada”, dejando un saldo de víctimas que organismos internacionales estiman entre 7.000 y 36.500 muertos.
Esta actuación le valió sanciones personales por parte de Estados Unidos, un castigo casi irónico para un hombre que en su juventud académica se sumergió en las ideas occidentales de libertad y razón.
(Con información de AFP)


