Jesús Cervantes es director de estadísticas económicas en el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA), y es referente obligado en el tema de remesas. Gentilmente, me envía cada mes la nota que prepara acerca de ese tema, y en la más reciente, elaborada en conjunto con Juan Antonio Ortega, economista senior en la misma institución, reportan que el número de trabajadores de origen mexicano e inmigrantes en Estados Unidos alcanza 19 millones de personas. Salta a la vista que es muy similar al número de trabajadores registrados en el IMSS.
Pensé entonces en aprovechar para comparar los ingresos entre los dos grupos, y también incluir la informalidad. Como suele ocurrir con la información laboral y salarial, ha resultado algo imposible, como verá. Para los ingresos de los mexicanos en Estados Unidos, también utilizo como referencia el trabajo de Cervantes y Ortega en una nota anterior, donde reportan una masa salarial para nuestros compatriotas del orden de 376 mil millones de dólares durante 2025. El tipo de cambio promedio durante ese año fue de 19.24, de forma que esos 19 millones de mexicanos obtuvieron 7.2 billones de pesos durante el año. En México, los trabajadores registrados en el IMSS promediaron 22.4 millones, y la masa salarial total de 2025 fue de 5.1 billones de pesos. Si traducimos los ingresos de ambos grupos a pesos mensuales, los que viven allá obtienen 31,700 frente a 19 mil que ganan los mexicanos que están registrado en el IMSS.
Ahora viene lo difícil. La Encuesta de Ocupación y Empleo no reporta masa salarial, y los ingresos por niveles de salarios mínimos tienen una tasa de no respuesta altísima, que llegó a 15% en 2025. Aunque con esa información el Coneval antes, y ahora INEGI, calculan una masa salarial, el monto que reportan es ridículo. Haciendo algunos malabares (con datos del PIB), podríamos estimar la masa salarial informal en 5.5 billones, para 37 millones de personas, lo que nos daría un ingreso mensual promedio de 12,500 pesos.
Pero, y aquí viene algo que muchos colegas no quieren analizar, resulta que en México medimos, gracias a las Cuentas Nacionales Institucionales, algo que llamamos “Ingreso Mixto Bruto” (IMB). Se trata de los ingresos que obtienen los hogares, que podrían considerarse utilidades empresariales o ingreso salarial, si estuviesen constituidos como empresas. No lo están, porque son informales, precisamente. Con frecuencia ve usted que muchos colegas reclaman que los ingresos laborales en México son paupérrimos, porque representan apenas 30% del PIB, mientras que en países desarrollados suelen estar alrededor de 50%. La razón es precisamente el IMB, que alcanza 22% del PIB. Si lo consideramos como parte de los ingresos laborales (informales), entonces el total alcanza 52%, perfectamente comparable con cualquier país.
Pero si aplicamos esto a lo que estábamos analizando, nos encontramos con resultados extraños. Habría que dividir los 37 millones de informales en dos partes: los que son subordinados y los que no. Curiosamente, se dividen casi a la mitad: 18.6 contra 18.4 millones de personas. De los primeros ya teníamos el ingreso, los 5.5 billones mencionados, pero al repartirlos entre los 18.6 millones de “subordinados informales”, su ingreso promedio resulta de casi 25 mil pesos: ¡superior al de los formales! Por su parte, el IMB en 2025 fue de 7.7 billones de pesos, y al repartirlos entre los 18.4 millones de informales “no subordinados”, cada uno de ellos tendría un ingreso mensual de 35,100 pesos.
Hasta aquí el ejercicio, que seguramente podrá ser mejorado por expertos. Lo que conviene dejar claro es que la ENOE no puede reportar los ingresos de las personas, las mediciones de Pobreza Laboral subestiman la masa salarial y, como ya comentamos alguna vez, la ENIGH es incapaz de medir bien el ingreso por remesas. En suma: no tenemos idea de cuánto ganan, ni cómo lo hacen, los mexicanos. Así no hay política que pueda funcionar.


