'La encíclica es un intento católico de retomar el humanismo del movimiento de la Ilustración y devolverlo a sus raíces cristianas''La encíclica es un intento católico de retomar el humanismo del movimiento de la Ilustración y devolverlo a sus raíces cristianas'

[OPINIÓN] Más allá de la IA: Leo explora el humanismo moderno

2026/06/07 09:59
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La primera encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, no decepcionó. 

El documento llevó un año de elaboración; el Papa lo insinuó apenas dos días después de su elección. La redacción involucró no solo a teólogos sino también a expertos en tecnología, y ahora la prensa secular considera el resultado como una de las intervenciones institucionales más significativas en el debate global sobre la inteligencia artificial (IA) hasta la fecha. 

Sin embargo, la encíclica no es meramente un tratado moral sobre tecnologías avanzadas. Es un intento católico de recuperar el humanismo en sí mismo del movimiento ilustrado y devolverlo a sus raíces cristianas. Para Filipinas, cuya tradición política refleja un encuentro entre estas dos tradiciones, esta intervención tiene una importancia particular.

La Ilustración fue, por supuesto, profundamente crítica de las pretensiones de autoridad intelectual y moral del catolicismo, pero ambas convergen en una profunda convicción: que la dignidad humana es inviolable y que la conciencia y la voluntad deben permanecer libres.

Este humanismo ancla la gramática predominantemente liberal a través de la cual hablan las instituciones seculares contemporáneas. El orden mundial moderno, por ejemplo, está sustentado por instrumentos humanistas como la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos. 

El mismo humanismo también se encuentra en el corazón de la doctrina social católica moderna, un tapiz de reflexiones morales sobre cuestiones políticas y económicas que puede rastrearse hasta los escritos del homónimo del actual Papa, León XIII. 

En 1891, en medio de las convulsiones sociales derivadas del paso de las granjas a las fábricas, el último León rechazó las ideologías radicales y articuló una respuesta distintivamente cristiana a la Revolución Industrial. Su encíclica Rerum Novarum sentó las bases de una serie de pronunciamientos papales en defensa de los derechos de los trabajadores, advirtiendo contra los excesos tanto del Estado como del capital, y promoviendo la justicia social. 

A lo largo del último siglo, la Iglesia Católica articuló principios que resuenan con las tradiciones socialdemócratas, incluidos la "solidaridad" y la "subsidiariedad". El primero enfatiza que cada individuo tiene una responsabilidad por un bien mayor más allá de sí mismo, mientras que el segundo insiste en que las comunidades, en lugar de autoridades distantes, deben tomar decisiones sobre sus necesidades inmediatas. El derecho a la propiedad se sostuvo solo en la medida en que no impida que todos los productos y recursos lleguen a su "destino universal", que es el bien común. 

Estos principios quedaron integrados en plataformas democristianas que ayudaron a configurar políticas como la atención sanitaria universal, el derecho a formar sindicatos y el sistema europeo de Mitbestimmung, que otorga a los trabajadores voz en la gobernanza corporativa. En Filipinas, influyeron en disposiciones constitucionales que protegen el trabajo y empoderan a la familia, así como en esfuerzos más recientes para ampliar el acceso a la atención sanitaria y al bienestar social.

Hoy, el actual León pide la aplicación específica de estos principios sociales católicos al contexto tecnológico actual. La solidaridad, por ejemplo, ahora significa tender puentes sobre la brecha digital, prevenir nuevas formas de desigualdad tecnocrática y proteger a los vulnerables de los impactos adversos de la automatización. La subsidiariedad aún significa empoderar a las comunidades, esta vez no necesariamente frente al Estado sino frente a las grandes tecnológicas. El concepto de "destino universal de los bienes" se invoca a favor de distribuir los beneficios de la tecnología de manera justa. 

Todo esto resuena con las iniciativas seculares actuales sobre tecnologías emergentes, incluido el impulso global por un mayor fortalecimiento de la gobernanza de la IA, las prohibiciones y regulaciones sobre armas autónomas, y las salvaguardas contra la desinformación y la erosión de realidades fácticas compartidas. Validan las actuales iniciativas filipinas, desde el llamado del presidente Marcos a establecer "normas legales para prevenir la weaponización de la inteligencia artificial" hasta la campaña de la laureada con el Nobel Maria Ressa por la integridad de la información en la era digital.

Sin embargo, León va más allá de tal reafirmación y sondea los cimientos mismos del humanismo. 

Aunque la dignidad humana es el lenguaje común tanto de la Ilustración como del catolicismo, las dos tradiciones discrepan en su premisa. En una corriente dominante del pensamiento ilustrado, esta dignidad deriva principalmente de la capacidad humana para la razón y el libre albedrío. 

Corrientes anteriores en la filosofía moderna sentaron las bases para esta visión. La distinción de René Descartes entre el yo pensante y el cuerpo extenso, junto con su famosa máxima "pienso, luego existo", contribuyó a situar la cognición en el centro de las reflexiones modernas sobre la persona. John Locke fue más lejos, argumentando que la identidad personal reside principalmente en la continuidad de la conciencia más que en el cuerpo mismo.

A medida que la modernidad se fue desvinculando progresivamente de los relatos religiosos sobre la naturaleza humana, el cuerpo empezó a entenderse en términos más mecánicos, no como un aspecto integral de la persona, sino como algo que debe ser dominado, optimizado y quizás incluso trascendido. Sin embargo, una vez que la cognición por sí sola se convierte en el rasgo definitorio de la persona, resulta tentador medir el valor humano únicamente en términos cognitivos. Las tecnologías que prometen mejorar, replicar o incluso superar las capacidades humanas adquieren un atractivo especial. La pregunta va desplazándose gradualmente de cómo la tecnología puede servir a los seres humanos a cómo los propios seres humanos podrían transformarse tecnológicamente.

Esta tendencia culmina en lo que León describe como los "sueños prometeicos" de la modernidad, una referencia al intento de Prometeo de robar el fuego a los dioses en la mitología griega. Las vulnerabilidades como el envejecimiento, la fragilidad e incluso la mortalidad se tratan como errores que hay que corregir, dando lugar a fantasías de "liberar" la cognición del cuerpo físico. El entusiasmo en torno a las tecnologías transhumanistas, incluidas las propuestas de cargar la conciencia humana, refleja este impulso.

Sin embargo, el Papa insiste en que las imperfecciones humanas no son errores sino parte del programa. "Incluso cuando las limitaciones se viven como sufrimiento interior, la sabiduría humana nos enseña a no negarlas ni suprimirlas, sino a integrarlas", escribe. "Quienes aman y desean no pueden evitar pasar por la prueba y el sufrimiento; y a lo largo de los años, llevamos dentro de nosotros lecciones que dejan su huella como cicatrices, los recuerdos de un camino marcado por la libertad y el fracaso, los sueños y las decepciones. Solo gracias a la interacción de estos elementos ocurren en nosotros las maravillas del alma, permitiéndonos percibir la riqueza de nuestra humanidad."

Para León, la condición humana permite a cada persona madurar en las relaciones, encontrar sentido en la alegría o el dolor, extraer sabiduría de la experiencia y conocer desde dentro lo que significa el amor o la responsabilidad, cosas que ningún modelo de lenguaje ni algoritmo, por muy avanzado que sea, podría verdaderamente replicar. Nuestras imperfecciones no son, pues, fallos que necesiten optimización o ingeniería, sino componentes de una aventura que debe vivirse. Escribe el Papa: "Renunciar a esta aventura, a la vez trágica y espléndida, en nombre de una presunta trascendencia de todos los límites podría significar muchas cosas, pero ya no sería humano." 

He aquí una recuperación del humanismo a través de una concepción cristiana de la persona humana: no somos simplemente mentes que habitan cuerpos, ni almas atrapadas en ellos; somos cuerpo y alma formando un todo inseparable. Nuestra dignidad no deriva únicamente de nuestra capacidad de razón o voluntad, sino de nuestro valor intrínseco y nuestra naturaleza trascendente. En la comprensión cristiana, los seres humanos no son autosuficientes; estamos llamados a relacionarnos unos con otros y a comulgar con lo divino. Esta comprensión no ve las limitaciones físicas como impedimentos sino como condiciones que invocan el amor, el cuidado y la comunidad, e incluso como fuentes de sentido. 

Esta intervención no es ajena a los filipinos. Reflexiones similares sobre la premisa de la dignidad humana están arraigadas en nuestra propia historia intelectual. 

Precisamente porque nuestras dimensiones física y espiritual son inseparables, el florecimiento humano no puede medirse únicamente en términos de poder y utilidad. José Rizal vinculó así el progreso nacional no solo a los logros materiales sino al desarrollo moral en términos de libertad, virtud cívica y ciudadanía ilustrada. Emilio Jacinto y Apolinario Mabini insistieron en que los derechos no podían separarse de los deberes cívicos y las responsabilidades por el bien común. Estos pensadores entendían la libertad como una vocación moral ejercida dentro de las relaciones y responsabilidades. Sus escritos prefiguran el rechazo de León a las medidas puramente técnicas del avance humano.

No es sorprendente, entonces, que las actuales iniciativas de Filipinas por el "uso responsable y centrado en las personas de la IA" reflejen la misma intuición. Hemos trabajado de manera constante para garantizar que la tecnología sirva a la persona humana en lugar de redefinir lo que significa ser humano. Como le dijo Marcos a las Naciones Unidas en marzo, "Usamos la IA y buscamos que se convierta en una herramienta de inclusión, respetuosa de la convicción de que la dignidad humana debe ser siempre la consideración primordial." En cierto sentido, estas no son meras respuestas de política pública, sino contribuciones nacionales a la misma conversación más amplia que León busca reabrir. 

Pues Magnifica Humanitas no solo interviene en el discurso evolutivo sobre la IA; se adentra en un debate más profundo sobre lo que significa ser humano, un debate en el que los filipinos tenemos mucho en juego y mucho que aportar. El Papa nos recuerda que debemos comprender primero qué es la humanidad antes de empuñar tecnologías poderosas. – Rappler.com

JJ Domingo es un diplomático de carrera que actualmente se encuentra en año sabático para cursar una maestría en la Universidad de Oxford como becario Chevening. Las opiniones expresadas aquí no reflejan necesariamente las posiciones oficiales del gobierno.

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