La revisión del tratado en 2026 será un proceso complejo, marcado por la intención de Estados Unidos de ir más allá de la revisión técnica de la implementación y presionar por cambios sustantivos, incluso una posible renegociación. Formalmente, la revisión solo permite evaluar el cumplimiento del acuerdo y el presidente Trump no cuenta con facultades legales plenas para renegociarlo sin autorización del Congreso estadounidense, aunque ha ignorado esos límites en otros acuerdos internacionales.
Es necesaria la revisión periódica para actualizar aspectos administrativos y adaptarse a nuevos temas como inteligencia artificial, ciberseguridad, comercio electrónico y semiconductores, pero reabrir el texto del tratado implicaría riesgos significativos para el libre comercio regional. Señaló que propuestas de comercio administrado, ya rechazadas en la primera negociación del T-MEC, podrían regresar sin el contrapeso que antes ofrecía Canadá, sabiendo que Trump busca más un tratado bilateral con cada país y no continuar con un tratado trilateral.
La tensión comercial entre Estados Unidos y China será un eje central del proceso, con posibles presiones para limitar la inversión y el acceso de productos chinos a México y la región. La alta incertidumbre generada por estas señales ya ha afectado la inversión y México enfrenta retos importantes en infraestructura, seguridad y operación aduanera para avanzar hacia una mayor integración comercial trilateral.

