Kevin Warsh dice que todavía carga con las cicatrices de “los días más oscuros” de la crisis financiera de 2008.
Entonces recién nombrado gobernador de la Reserva Federal, Warsh actuó como un conducto clave entre el banco central y Wall Street, mientras el sistema financiero y la economía de Estados Unidos enfrentaban su mayor amenaza desde la Gran Depresión.
“Trajo mucha experiencia real, conocía a esta gente de Wall Street —sabía distinguir cuándo estaban defendiendo su propio libro y cuándo nos aportaban buena información— y eso fue muy, muy valioso”, dijo Don Kohn, ex vicepresidente de la Fed, que tenía una oficina contigua a la de Warsh.
Es una visión que comparte Lloyd Blankfein, quien dirigió Goldman Sachs durante la crisis. “Kevin no se alteraba en momentos caóticos”, recordó, aludiendo a su temperamento equilibrado y su disposición al diálogo.
Casi dos décadas después, la capacidad de Warsh para equilibrar demandas contrapuestas será puesta a prueba como nunca antes, luego de que Donald Trump lo nominara el viernes para suceder a Jay Powell como presidente de la Fed.
Warsh tomará el control del principal banco central del mundo en uno de los períodos más decisivos de sus 112 años de historia.
El economista de 55 años, a quien Trump describió como salido de un “casting central”, deberá lidiar con la beligerante campaña del presidente a favor de tasas de interés más bajas y con los temores de los inversores sobre la independencia del banco central.
En una señal temprana de que los mercados confían en que Warsh no cederá ante la Casa Blanca para aplicar recortes agresivos de tasas, el dólar subió el viernes.
“Kevin hoy cree firmemente que se puede tener crecimiento sin inflación”, dijo el ex gestor de fondos de cobertura Stanley Druckenmiller al FT en una entrevista el viernes. Warsh es socio de la oficina familiar de Druckenmiller desde 2011.
“Está muy abierto a la llamada visión de Greenspan de fines de los 90, dado lo que está ocurriendo y la productividad”, agregó Druckenmiller, en referencia al ex presidente de la Fed Alan Greenspan, que encabezó la era de crecimiento previa a la crisis financiera. “Creo que lo manejará de manera adecuada”.
Warsh ha sostenido recientemente que la inteligencia artificial aumentará la productividad, lo que implicaría que la política del banco central no debería preocuparse tanto por que las mejoras en los salarios netos de los trabajadores impulsen la inflación. Ese argumento podría abrir la puerta a más recortes de tasas por parte de la Fed.
El historial de votaciones de Warsh en política monetaria, cuando fue gobernador de la Fed entre 2006 y 2011, ha reforzado la confianza de los inversores.
Mohamed El-Erian, quien dirigió la gestora de renta fija Pimco y conoce a Warsh, afirmó: “Siento que es una figura mucho más conocida y me siento cómodo con la mayoría de sus posturas”.
Agregó que Warsh fue el último gobernador de la Fed que “hizo un esfuerzo significativo por entender la evolución de los mercados”.
No son solo los vínculos con Wall Street los que Warsh forjó a lo largo de una carrera de cuatro décadas que comenzó en 1995 como banquero de inversión en Morgan Stanley. En 2002, dejó Wall Street para pasar al Gobierno, al incorporarse a la administración de George W. Bush como asesor económico.
Ese mismo año, su matrimonio con Jane Lauder, miembro de la familia multimillonaria detrás del imperio cosmético Estée Lauder, reforzó sus lazos con el establishment republicano. Su padre, Ronald, cercano a Trump, fue embajador de Estados Unidos en Austria durante el gobierno de Ronald Reagan.
La designación de Bush como gobernador de la Fed en 2006 convirtió al entonces joven de 35 años en el nominado más joven de la historia para el directorio del banco central.
Pero es un presidente republicano distinto el que ha impulsado a Warsh —nacido en Albany, capital del estado de Nueva York, y formado en las universidades de Stanford y Harvard— hacia un cargo que desde hace tiempo ambiciona.
Según personas al tanto del asunto, Trump ya había considerado a Warsh como presidente de la Fed antes de nominar a Powell en 2017. Tras la victoria electoral de Trump en 2024, Warsh incluso estuvo en el radar del presidente para el cargo de secretario del Tesoro.
Mientras Trump armaba su gabinete para el segundo mandato, Warsh fue convocado a una reunión en el resort Mar-a-Lago, en Florida, luego de que Elon Musk argumentara que nombrar a Scott Bessent sería “más de lo mismo”.
Aunque finalmente el Tesoro quedó en manos de Bessent, Warsh ganó admiradores dentro de la administración Trump por impulsar una “reforma fundamental” de una institución que, a su juicio, se ha excedido en su mandato.
En abril pasado, cuando los mercados globales se sacudían por la guerra comercial de Trump, Warsh aprovechó un discurso ante el influyente Grupo de los 30 —un organismo integrado por ex banqueros centrales y altos ejecutivos financieros del que es miembro— para criticar a la Fed.
Warsh sostuvo que “los cambios en el rol del banco central estadounidense han sido tan generalizados que casi se volvieron invisibles. La Fed ha asumido un papel más expansivo dentro de nuestro gobierno en todos los asuntos de política económica”.
Algunas de las críticas más duras de Warsh se dirigieron a políticas que él mismo ayudó a diseñar, en particular los masivos programas de compra de bonos del banco central. Warsh renunció como gobernador de la Fed en la primavera de 2011, apenas meses después de que la institución votara nuevas compras de bonos.
“A mi entender, las incursiones demasiado alejadas —para todas las estaciones y por todas las razones— han derivado en errores sistemáticos en la conducción de la política macroeconómica”, afirmó.
Si el Senado aprueba su designación, Warsh llegará a un banco central dividido sobre si debe priorizar la lucha contra la inflación o el apoyo a un mercado laboral que se debilita.
Alan Schwartz, quien dirigió Bear Stearns durante la crisis financiera y hoy es presidente ejecutivo de Guggenheim Partners, dijo confiar en que Warsh podrá ordenar un consenso dentro del directorio.
“Ese es uno de los requisitos para ser presidente de la Fed”, señaló. “No se puede ser dictatorial en materia de política. Warsh aportará la gravitas necesaria a las discusiones grupales para que se alcance un consenso”.
La Fed recortó las tasas tres veces en 2025. Pero los funcionarios señalaron esta semana que, con la inflación aún por encima de su objetivo del 2%, el umbral para nuevas medidas es alto. En un rango de 3,5% a 3,75%, las tasas siguen muy por encima del 1% que Trump pretende.
Como todos los demás candidatos entrevistados para el cargo, Warsh sostiene que hay margen para más recortes.
Sus llamados a que el banco central revise el Acuerdo Tesoro-Fed de 1951 —el marco que sustenta la independencia de la Fed respecto del poder ejecutivo— reflejan los de Bessent, con quien se dice que Warsh mantiene una relación cercana.
Sin embargo, esas posturas han generado malestar entre insiders del banco central, que consideran injustos sus ataques a la institución. También creen que algunas de sus afirmaciones, como la idea de reducir drásticamente el tamaño del balance de la Fed, están mal pensadas.
Isabelle Mateos y Lago, economista jefa de BNP Paribas, señaló que, si bien Warsh es en cierto modo una elección tradicional por ser una figura conocida tanto en la Fed como en Wall Street, la nominación podría resultar “disruptiva”.
“Tiene una agenda explícita para reformar la forma en que funciona institucionalmente la Fed y de ningún modo es un candidato de continuidad. Además, ha defendido un balance reducido, algo muy difícil de conciliar con la visión del presidente de que la Fed debería bajar los costos de endeudamiento del gobierno federal”, afirmó.
Kohn sostuvo que, si bien está “a favor de incorporar ideas nuevas y mejorar las cosas”, es escéptico respecto del mérito de algunas de las propuestas de Warsh.
“Algunas —aunque ni mucho menos todas— de las críticas que formula tienen un núcleo de verdad, pero luego se llevan demasiado lejos”, dijo el ex vicepresidente, hoy en el think tank Brookings Institution. “Pero conoce la institución. Y creo que respeta la historia de la institución”.


