El sueño es un componente vital para la salud general, ya que es fundamental para la restauración física y mental; sin embargo, hay quienes, en ocasiones, prefieren sacrificar este proceso biológico para cumplir con diferentes exigencias.
En este contexto, el National Institutes of Health de Estados Unidos advierte que las noches de insomnio y ciertos hábitos pueden tener un impacto negativo en la vida sexual que no debe subestimarse.
De acuerdo con el doctor Merril Mitler, experto en sueño y neurocientífico del NIH, la pérdida de reposo daña los niveles superiores de razonamiento, influye sobre el humor y puede incrementar el riesgo de sufrir depresión.
Una neurocientífica canadiense explica qué ocurre en el cerebro cuando el estrés se vuelve crónico
No obstante, el profesional también enfatiza que la falta de descanso no solo impacta en el funcionamiento del cerebro, sino que también “Afecta las hormonas de crecimiento y del estrés, el sistema inmunitario, el apetito, la presión arterial y la salud cardiovascular”.
En cuanto al deseo sexual, el doctor Francisco Javier Usubillaga explica que dormir menos de seis horas por noche de forma constante puede generar una reducción de testosterona. “Esto se traduce en menor libido, fatiga, disminución de la masa muscular y mayor dificultad para mantener una erección firme”, sostiene el experto.
Según el especialista, los estudios han demostrado que la calidad del sueño está relacionada con la función eréctil, por lo que suele afectar más a los hombres, ya que si bien las mujeres pueden experimentar alteraciones en su apetito sexual, las investigaciones sobre ellas son menores.
Aunque el sueño es un proceso biológico necesario, el doctor Paulo Egydio explica que hay varios factores que también pueden causar disfunción eréctil en cualquier etapa de la vida de un hombre. Dentro de las más conocidas se encuentran:
Para el profesional, la falta de actividad física regular y el entrenamiento sin descanso adecuado pueden comprometer el rendimiento sexual masculino, debido a que se presenta una disminución de testosterona, produce fatiga persistente y afecta los vasos sanguíneos, nervios y hormonas importantes para el sexo.
Un bajo rendimiento también suele estar relacionado con el consumo de alcohol, ya que, según el experto, “interfiere directamente con el sistema nervioso central”, lo que se manifiesta en una respuesta sexual menor y una pérdida de control de la erección.
Otro de los hábitos que no se deben normalizar es la ingesta excesiva de alimentos ultraprocesados, debido a que estos productos favorecen la inflamación crónica, la resistencia a la insulina y cambios vasculares.
El consumo constante de alimentos con exceso de calorías favorece la acumulación de grasa abdominal. Este factor, común en hombres que padecen obesidad, está asociado con la disminución de la testosterona, lo que reduce la libido y altera la calidad de las erecciones con el tiempo.
De acuerdo con Egydio, las situaciones con estrés persistente elevan los niveles de cortisol y “pueden provocar disminución del deseo, dificultad de erección y pérdida de interés sexual”.

