Nunca ha dejado de asombrarme cuando políticos o empresarios toman decisiones que todos sabemos que son absolutamente inviables o sencillamente una locura. Lo peor, es que todos nos damos cuenta, pero el que toma la decisión ha llegado a un razonamiento, que para él resulta lógico, incontestable y definitivo.
Esos razonamientos, nunca son, por lo general, movidos por la razón, sino más bien por otras razones que son inexplicables, inconfesables o sencillamente que se reservan para aquel que las toma como su propia verdad. El asunto se agrava, si el que decide es un megalómano intransitable o un mesiánico irredento.
Hace muchos años, una amiga me contó una conversación con AMLO: AMLO le contó que en el rio de su pueblo los niños tenían prohibido nadar, porque en algunos lugares el rio tenía vados y no era infrecuente que los niños que nadaban ahí se ahogaran. AMLO, necio desde siempre, n o hizo caso y se metió al rio. Encontró un vado y fue a dar al fondo. Y, le contó, que entonces miró hacia arriba y le dijo a dios, que si lo sacaba de ese predicamento, le dedicaría su vida a honrarlo. Milagrosamente el niño salió del vado para vivir el resto de su vida. Desde entonces, le dijo a mi amiga, yo sé que tengo una misión importante que cumplir en México. AMLO, desde entonces se siente tocado por dios. Lo demás lo sabemos todos.
Si a lo anterior, le sumamos el odio y la venganza, se entienden muchas cosas por las que hemos pasado el sexenio pasado y el actual. Decisiones absurdas y sin sentido. Proyectos salidos de ninguna consideración racional o según el promovente, alguna salida de escusas: eso llevaría desarrollo a lugares abandonados o le daría recursos a los que no tienen sino, apenas para sobrevivir, en fin.
Decidió cobrar venganza con Calderón, con la suprema corte, contra el INE y contra los organismos autónomos, que le estorbaban para cumplir sus caprichos. Se lanzó contra medios de comunicación, comunicadores y todo aquel que no estuviera de acuerdo con él.
Ahora, no sólo el odio lo ha movido para armar en unos cuantos días una asociación civil con deducción de impuestos, cuyo tramite tarda meses, sino que fuerza a sus leales y a empresarios a contribuir con una locura: donativos para Cuba.
Olvida que quien dé donativos, puede traerle consecuencias en EEUU, todas muy negativas y obliga a que la UIF revise quiénes son y porqué, los donadores. ¿Qué lo movió a esta locura? nadie lo sabrá, más que por motivos puramente ideológicos.
Pues un mecanismo similar, operó con la presidente CSP al proponer su plan B de reforma electoral. La venganza y la irracionalidad dominaron su toma de decisiones y aquí está una reforma que seguramente solo logrará satisfacer el odio al INE y la animadversión con los que piensan distinto. Es decir, los otros partidos distintos de Morena. Una locura, como la cubana. Nada más, pero nada menos también.

