En el pintoresco paisaje del Baix Empordà, en Girona, se alza una casa proyectada para un matrimonio y sus dos hijos, donde las líneas contemporáneas conviven con la calidez propia del Mediterráneo.
La arquitectura estuvo a cargo de Damián Ribas, mientras que el interiorismo lo desarrolló Clara Joly D’Aussy, fundadora de D’Aussy Interiors, estudio especializado en segundas residencias diseñadas para familias que buscan calma y conexión con la naturaleza. Su intervención aportó un carácter elegante y descontracturado a cada ambiente, acentuando la esencia mediterránea del proyecto.
La casa familiar se integra con naturalidad en su entorno: arquitectura, paisaje e interior se conectan con suavidad para crear una atmósfera serena. La esencia rústica del Empordà —su ritmo pausado, su conexión con la tierra y su luz inconfundible— se refleja en esta nueva construcción que invita a reencontrarse, desconectar y, al mismo tiempo, vivir plenamente el día a día.
El living, verdadero corazón de la casa, se vuelve un espacio cálido y envolvente gracias a la chimenea ubicada frente a un sofá de lino, enmarcado por grandes ventanales que inundan el ambiente de luz natural y favorecen la ventilación cruzada.
El hogar se desarrolla por completo en planta baja y se organiza en dos volúmenes rectangulares: uno destinado a las áreas sociales y otro al sector privado. Ambos quedan unidos por un cuerpo central de acceso que actúa como articulador del conjunto.
“La obra estaba a medio hacer y necesitaban apoyo para tomar decisiones que no tenían previstas. Mi tarea fue acompañarlos y brindarles herramientas para visualizar, planificar y avanzar con seguridad”, cuenta Clara Joly D’Aussy. Desde ese rol, guió a la familia en elecciones clave: acabados, mobiliario, iluminación y piezas diseñadas a medida, afinando cada detalle para que la casa respondiera a su forma de vivir.
Del otro lado del espacio principal, una zona de estudio elevada funciona como rincón íntimo para trabajar o leer. Sus paredes revestidas con estanterías de roble, decoradas con cerámicas y objetos en tonos blancos, suman profundidad y serenidad sin sobrecargar.
“Seleccionamos materiales auténticos y sostenibles: maderas recicladas, metales variados, cerámica, papel y tejidos naturales como lino o algodón. Todo pensado para crear una atmósfera acogedora y funcional, sin artificios”, agregó la interiorista, cuya intervención le dio al hogar un toque no solo mediterráneo cálido sino atemporal.
La casa fue pensada como un lugar donde poder reencontrarse y desconectar, pero sin perder la cercanía con el ritmo del día a día.
Los dormitorios se abren directamente al exterior, reforzando la conexión con el paisaje. Los respaldos incluyen mesitas embutidas en la pared, a modo de nicho, y las cortinas de telas naturales de piso a techo suman calidez y una continuidad visual muy armónica.
El jardín se diseñó con vegetación autóctona y bajo una premisa de confort relajado. Por eso se incorporó un porche amplio con una zona chill-out junto a la pileta, armado con camas de obra con almohadones y un cañizo que tamiza la luz con suavidad.

